Mientras acumulas patrimonio, una caída fuerte es incluso una oportunidad: sigues aportando y compras más barato. Pero cuando empiezas a vivir de tu cartera, la situación cambia por completo.
El problema: si justo al jubilarte llega una gran crisis, estarás vendiendo participaciones mientras la cartera cae. Ese dinero que retiras en la caída ya no estará cuando el mercado se recupere. En el peor de los casos, la cartera no puede volver a levantar cabeza nunca.
Un ejemplo con datos históricos: una persona quiere gastar 20.000 € al año, se retira a los 55 años y calcula vivir hasta los 95. Usa una cartera 60/40 (60% bolsa, 40% renta fija) que ha rentado en torno a un 8% anual de media durante 100 años.
- Si razona "la cartera da un 8%, así que necesito 20.000 ÷ 8% = 250.000 €", se equivoca: no ha descontado ni la inflación ni los impuestos. En las simulaciones, ese plan fracasa en el 96% de los escenarios.
- Aunque descuente una inflación del 2,5% y retire un 5,5%, el plan sigue fallando en 77 de cada 100 casos. La media era buena, pero en muchos escenarios la mala suerte llega al principio.
- Por eso la tasa de retirada segura baja hasta el entorno del 4% (o incluso menos): para sobrevivir a las secuencias malas, no solo a la media.
Matiz importante: que la rentabilidad media sea un 7% u 8% no garantiza que se cumpla en tu periodo. Si atraviesas una época bajista, ese 7% calculado podría no llegar nunca.
Cómo se suele mitigar: al acercarse la jubilación, no estar al 100% en bolsa, ir vendiendo de forma gradual y apoyarse en ingresos como los dividendos o una pensión.
Dos jubilados obtienen la misma rentabilidad media en 30 años y retiran lo mismo cada año. ¿Cuál corre más riesgo de quedarse sin dinero?
Contenido divulgativo: no constituye asesoramiento financiero personalizado. Las cifras son orientativas y pueden cambiar con el tiempo.