• Rentabilidad nominal: el porcentaje que sube tu inversión, tal cual lo ves en tu cuenta.
  • Rentabilidad real: la nominal menos la inflación. Es la que te dice si de verdad estás ganando poder de compra.

El ejemplo clave: imagina que se estima que la bolsa estadounidense podría subir solo un 3% anual durante la próxima década. Como la inflación histórica ronda esas cifras, ese 3% apenas cubriría la inflación. Tu dinero subiría en la cuenta, sí, pero los precios de los productos subirían en la misma cuantía. En poder adquisitivo te quedarías exactamente igual.

Ganar dinero no siempre es ganar. Si la cuenta remunerada o el fondo monetario rinden en torno a un 2%, no cubren la inflación: aunque veas crecer el saldo, sirven como "hucha", no como inversión para crecer.

El objetivo mínimo: buscar una rentabilidad que supere significativamente la inflación. Algunos gestores de renta fija se marcan como objetivo conseguir al menos un 2-3% por encima de la inflación. Con una rentabilidad real de ese tamaño puedes ir componiendo tu patrimonio en términos reales a lo largo del tiempo, incluso con una inversión conservadora.

La inflación es acumulativa. Basta con un periodo de inflación alta (del 8-9%, o incluso del 5-6%) para que, aunque después vuelva al 2%, la inflación media de esos años se haya ido por encima del 3%. Ese daño ya no se recupera.

A largo plazo, la diferencia es enorme: si dentro de 20 años llegas a tener un millón de euros, ese millón no equivaldrá a un millón de hoy. Para muchos ahorradores sin experiencia, el mayor riesgo que tienen es la inflación.

Tu inversión sube un 3% este año y la inflación también es del 3%. ¿Cuál es tu rentabilidad real aproximada?

Contenido divulgativo: no constituye asesoramiento financiero personalizado. Las cifras son orientativas y pueden cambiar con el tiempo.