Definición pura:
- Gestión pasiva: hay un mercado con un índice (algo virtual) y un fondo o ETF que intenta replicarlo, comprando y vendiendo lo necesario para obtener su misma rentabilidad.
- Gestión activa: el fondo se desvía del índice con apuestas propias para intentar batirlo. Ese es su objetivo, y es lo que tienes que exigirle.
Los costes marcan la diferencia: un indexado puede costar un 0,10 % y un fondo activo un 0,85 %, un 1,64 % o más. La activa tiene que ganar lo suficiente para compensar esa diferencia.
Lo que debes preguntar: ¿este fondo bate a su índice? Si un producto caro no bate al índice ni lo ha batido nunca, ¿para qué pagar esa comisión para que lo haga peor? Mucha gente compra lo que le ofrecen en la sucursal sin saber siquiera que el fondo tiene un índice de referencia que batir.
No todo es blanco o negro:
- Dentro de la activa hay estilos muy distintos: valor (empresas baratas que generan buenos flujos), calidad (empresas asentadas) o crecimiento (empresas que prometen mucho a futuro).
- La gestión pasiva se concentra en lo grande. La activa puede buscar en pequeñas empresas olvidadas fuera de los índices.
- La gestión 100 % pasiva no existe en un patrimonio: decidir qué índices, en qué proporción y cuándo rebalancear ya es una decisión activa. Se puede gestionar activamente una cartera de fondos pasivos.
- Si todo el mundo se indexara, la gestión activa lo tendría más fácil que nunca para encontrar empresas mal valoradas, por eso siempre habrá sitio para ambas.
Para la mayoría: el punto de partida más sensato es la gestión pasiva con aportaciones periódicas a largo plazo. Puede complementarse con algún fondo activo de calidad en carteras grandes.
¿Qué debe conseguir un fondo de gestión activa para justificar sus mayores comisiones?
Contenido divulgativo: no constituye asesoramiento financiero personalizado. Las cifras son orientativas y pueden cambiar con el tiempo.