Un ETF es un híbrido entre un fondo y una acción:

  • Es un fondo porque está muy diversificado (acciones, bonos…) y normalmente replica un índice.
  • Es como una acción porque cotiza en bolsa en tiempo real. Puedes comprar a las 9 de la mañana y vender a las 10, o pasar de bolsa a renta fija a mitad de la tarde.

Un producto versátil: si compras un ETF del índice estadounidense y lo mantienes muchos años, haces gestión pasiva. Si compras y vendes ETF temáticos para especular, eso ya es gestión activa.

Lo que debes saber antes de comprar:

  • Diferencial (spread): al cotizar, hay un precio de compra y otro de venta. La distancia entre ambos es un coste que pagas al entrar y al salir.
  • Liquidez: compra ETF de gestoras grandes. En un ETF pequeño, una orden «a mercado» puede hacer que empieces perdiendo un 1 % o un 2 % solo por la falta de contrapartida.
  • Sin traspasos: para cambiar de ETF tienes que vender y tributar por la ganancia.
  • Dividendos de EE. UU.: un ETF con réplica física, bien domiciliado, sufre una retención del 15 %, frente al 30 % de un fondo indexado. Eso supone unos 0,20 puntos más al año a igualdad de comisiones.

Variedad: hay tantos ETF como tipos de leche en el supermercado: entera, desnatada, sin lactosa… Para casi cualquier mercado existe uno.

¿Qué riesgo tiene lanzar una orden “a mercado” sobre un ETF pequeño y poco negociado?

Contenido divulgativo: no constituye asesoramiento financiero personalizado. Las cifras son orientativas y pueden cambiar con el tiempo.