Cuando prestas dinero a un país comprando sus bonos, exiges un tipo de interés. Si ese país inspira menos confianza que otro considerado seguro, pedirás un interés adicional: esa diferencia es la prima de riesgo.
La regla de fondo: a mayor riesgo o mayor desconfianza, mayor tipo de interés te tienen que pagar por los bonos. Y si suben los tipos que exige el mercado, el precio de los bonos ya emitidos cae.
La metáfora del salpicadero: algunas crisis se ven venir. Es como ir conduciendo un coche: en el salpicadero hay indicadores, y si se encienden, lo mínimo es pensar que hay un problema. En la crisis de la deuda europea, la señal fue clara:
- La prima de riesgo de un país del sur de Europa frente a la principal economía del euro subía, subía y subía.
- Al mismo tiempo, el euro se debilitaba y se hablaba de graves problemas en una parte del sistema financiero.
- Con esos "pilotos encendidos", era razonable pensar que algo iba mal.
¿Y si el activo "sin riesgo" deja de serlo? Los bonos de la mayor economía del mundo se consideran el activo libre de riesgo por excelencia. Pero si su deuda y su déficit no paran de crecer, el mercado puede empezar a exigir una prima de riesgo incluso a ellos, sobre todo en los bonos a largo plazo. Llega un punto en el que hay más deuda que nunca y el tipo de interés para mantenerla es más alto que nunca.
También en empresas: el precio de un bono corporativo refleja la prima de riesgo de la compañía. Ejemplo: un bono que cotiza a 85 (un 15% por debajo de su valor nominal de 100) indica que el mercado todavía no se cree del todo que la empresa vaya a refinanciar su deuda.
Si los inversores empiezan a desconfiar de la deuda de un país, ¿qué suele ocurrir?
Contenido divulgativo: no constituye asesoramiento financiero personalizado. Las cifras son orientativas y pueden cambiar con el tiempo.