El IPC no es otra cosa que la inflación: mide cómo cambia el precio de una cesta de productos que representa el consumo medio (vivienda, comida, energía, ropa, transporte...).

Lo importante es mirar dentro de la cesta. Un caso real lo deja claro:

  • El IPC anual salió al 2,9%, algo por debajo del 3% esperado.
  • Pero la vivienda, que pesa en torno a un 30–40% de la cesta, subía al 5,1%.
  • Si la vivienda (y la electricidad) suben tanto y el promedio sale 2,9%, ¿cómo estará el resto? Casi todo lo demás estaba plano o en negativo:
  • Arroz, cereales y pan: bajando.
  • Muebles y artículos del hogar: bajando.
  • Ropa de hombre: −12%.
  • Televisores: −5,4%.
  • Vehículos usados: −10,9%.
  • Conclusión: el dato estaba "hinchado" por la vivienda y la energía.

Tu cesta no es la cesta oficial. Una persona con un sueldo bajo gasta mucho más, en proporción, en energía, comida y vivienda: por ejemplo, el 36% de lo que gana puede irse en vivienda. Si justo esas partidas suben por encima de la media, su inflación real es mayor.

> ¿De qué te sirve que te digan que la inflación es del 2 y pico si tu cesta (alquiler, gasolina y comida) está subiendo un 4 o un 5%?

Cómo se lee el dato en los mercados: lo que mueve el mercado no es el número en sí, sino la comparación con lo esperado. Si se esperaba que el IPC mensual subiera un 0,6% y sube un 0,3%, el dato se considera "peor de lo esperado" en el calendario, aunque una inflación más baja suele ser una buena noticia para la bolsa y los bonos.

El IPC sale al 2,9%, pero la vivienda, que pesa un 30–40% de la cesta, sube un 5,1%. ¿Qué se deduce?

Contenido divulgativo: no constituye asesoramiento financiero personalizado. Las cifras son orientativas y pueden cambiar con el tiempo.