Cuando se publica un dato de inflación, aparecen varias cifras. Las más vigiladas son:
- La inflación general anual: lo que han subido los precios de toda la cesta en el último año. Es la más fácil de entender y suele ser la que más mueve el mercado.
- La inflación subyacente: no incluye la energía, que es lo que más ha presionado los precios en algunos periodos. Por eso sirve para ver si la inflación "de fondo" (por ejemplo, la de los servicios) se está corrigiendo o no.
- La variación mensual: la comparación con el mes anterior.
¿Por qué importa la subyacente? Porque los bancos centrales la miran con lupa:
- Si la general baja por un abaratamiento de la energía, pero la subyacente no mejora, el banco central puede pensar que el problema no está resuelto. En un caso real, la falta de avances en la subyacente hizo que el mercado pasara a ver más de un 70% de probabilidad de una subida de tipos antes de final de año.
- Si la subyacente empieza a repuntar (con los servicios "tirando para arriba", sin relación con la energía), es una señal de que la inflación puede volverse más persistente.
Ejemplo de reacción del mercado: se esperaba una subyacente del 0,3% y salió del 0,1%, y la general al 2,4%, también por debajo de lo esperado. Resultado: los bonos subieron con fuerza y el mercado vio más cerca las bajadas de tipos.
La regla práctica: en la columna del dato real, lo que interesa ver son cifras inferiores a las previstas.
La inflación general baja gracias a la energía, pero la subyacente no mejora. ¿Cómo suele interpretarlo un banco central?
Contenido divulgativo: no constituye asesoramiento financiero personalizado. Las cifras son orientativas y pueden cambiar con el tiempo.